sábado, 19 de septiembre de 2009

Se cierran círculos (I)

Caen las primeras hojas. Se cierran círculos. Con la llegada del otoño se cierra una etapa y se abre otra. Llego la hora. Cortarse el pelo para sanear las puntas, y la vida. Y no se por qué el cielo esta ligeramente oscurecido, o por qué se respira nostalgia en el ambiente. I need to write. Supongo que pienso en ingles para recordar los viejos tiempos, aquellos que volverán a ser nuevos otra vez. Cuatro veces. Demasiados símbolos. Todo gira, todo empieza, todo acaba. El final de la era esta próximo. Su cercanía me incita a pensar en el futuro, a alzar la vista, a mirar al cielo, y a reflexionar. Volverán las tardes tontas, llenas o vacías. Volverá mi alma perdida. Domingos fríos, leyendo en lo alto de la piscina, respirando el sol, tomando el aire, quizás desayunando en Tiffanys. Otra vez ese maldito aroma, melancolía. Se que te extrañaré, como cada año. Y como cada año, me resisto a volver a empezar.
Siento que mi inspiración vuela, buscando nuevos horizontes. Yo, mientras, me despido. Hasta el próximo cambio. Cierro un círculo. Abro otro.





(sol de medianoche, Finlandia)

martes, 15 de septiembre de 2009

Locura intrínseca que corre por mis venas,

Llévame de la mano de esta huida, y hazme desaparecer

Llévame a lagos helados de bosques sin fruto

Donde el frio colapsa los sentidos

Y la nieve camufla mi guarida

Devuélveme mi don

Escondido entre la niebla

Para poder volver a un mundo nuevo

Para desequilibrarme hasta morir

Y poder girar más y más sobre el rio helado

Perdido en el horizonte

Que me conduce a nueva estepa

Olvidando todo lo demás

Alejada del mundanal ruido

De los bloques que cruzan el sol

De las noches en vela y los pies descalzos

De la infelicidad, del malestar

Y tráeme cada luna llena un trocito de las estrellas

Para que mi alma no se apague

Para no olvidar

Hundiendo la mente en las gélidas aguas

Atrasando mi sentencia

Consiguiendo respirar


















…ayúdame a escapar….

viernes, 21 de agosto de 2009

Romance de Curro el Palmo

La vida y la muerte
bordada en la boca
tenía Merceditas
la del guardarropa.
La del guardarropa
del tablao del "Lacio",
un gitano falso
ex-bufón de palacio.

Alcahuete noble
que al oír los tiros
recogió sus capas
y se pegó el piro.
Se acabó el jaleo
y el racionamiento
le llenó el bolsillo
y montó este invento,
en donde "El Palmo"
lloró cantando...

Ay, mi amor,
sin ti no entiendo el despertar.
Ay, mi amor,
sin ti mi cama es ancha.
Ay, mi amor
que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad
y un manojillo de escarcha.

Mil veces le pide...
y mil veces que "nones"
de compartir sueños
cama y macarrones.
Le dice burlona...
..."Carita gitana,
cómo hacer buen vino
de una cepa enana".

Y Curro se muerde
los labios y calla
pues no hizo la mili
por no dar la talla.
Y quien calla, otorga,
como dice el dicho,
y Curro se muere
por ese mal bicho.

¡Ay! quién fuese abrigo
pa' andar contigo...

Buscando el olvido
se dio a la bebida,
al mus, las quinielas...
Y en horas perdidas
se leyó enterito
a Don Marcial Lafuente,
por no ir tras su paso
como un penitente.

Y una noche, mientras
palmeaba farrucas,
se escapó Mercedes
con un "curapupas"
de clínica propia
y Rolls de contrabando
y entre palma y palma
Curro fue palmando.

Entre cantares
por soleares.

Quizá fue la pena
o falta de hierro...
El caso es que un día
nos tocó ir de entierro.
Pésames y flores
y una lagrimita
que dejó ir la Patro
al cerrar la cajita.

A mano derecha
según se va al cielo,
veréis un tablao
que montó Frascuelo,
en donde cada noche
pa' las buenas almas
el Currito "El Palmo"
sigue dando palmas.

Y canta sus males
por "celestiales".

Ay, mi amor,
sin ti no entiendo el despertar.
Ay, mi amor,
sin ti mi cama es ancha.
Ay, mi amor
que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad
y un manojillo de escarcha.


Por Joan Manuel Serrat

viernes, 14 de agosto de 2009

Poema Walking Around de Pablo Neruda


Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas moradas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
no quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos,
aterido, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llear con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.



Creo que es una buena forma de empezar de nuevo...

jueves, 30 de julio de 2009

Serán inolvidables los momentos

Será inolvidable la noche más oscura
Tan rematadamente negra
Caen algunas estrellas
Coléricas, fieles, enfermizas
Pero también la más dulce, la más bella
Plagada de felicidad
En un segundo
En tan solo un segundo
Un momento, un sonido,
Ni una palabra
El tambaleo del mundo, el fin de las ilusiones.
Corren las batas blancas en vano,
Se agrieta el suelo
Lloran su muerte y la tragedia.
Miran al cielo
Ya sin estrellas en el firmamento
Lleno de luces rojas
Que envían señales de humo
Intentando evitar lo inevitable.
Y seguirá siendo inolvidable
Mientras el mundo gira, las luces corren y los niños crecen,
Sin el pedazo que quedo enterrado en Valentín.
Mil almas corren junto a la tuya, María Eugenia
Mil almas que jamás serán olvidadas.

sábado, 25 de julio de 2009

En el fondo ella no podía perdonárselo. No conseguía entender como, después de todo, seguía ahí. Y lo que más le dolía era pensar que no había momento en el día que él no pasara por su cabeza, ni esquina por la que no esperase que se cruzasen. Era como un recuerdo incipiente que, con el tiempo, se niega al retiro del olvido. Y así pasaba las horas, torturándose y preguntándose por qué, algo tan simple, tan sencillo, le rondaba su mente día y noche. Un suspiro de frustraciones que, unidas al mal tiempo, solían resolverse en una explosión catastrófica. En las horas en blanco solía recordarle, con un periódico en la mano y el ceño fruncido, esperando a que la tormenta pasara de largo, para poder marcharse a casa. Porque al fin y al cabo, eso era todo lo que él deseaba. Marcharse a casa.

martes, 30 de junio de 2009


Prolífica carrera, ¿para qué? Ni tan siquiera hay flores en su tumba, nadie recuerda las risas de aquel domingo añil. Siendo útil, o tal vez inútil, borrando sonrisas escondidas tras las arrugadas paginas de aquel libro de Coixet. Intenta resistirse. Huye, huye y huye, pero la felicidad la persigue como se persigue a un niño que no quiere ser castigado. Quizás es eso a lo que teme, al castigo que trae consigo la necesidad de ese elixir de la vida eterna, poblador de venas y otros lugares insospechados. Corre y corre e intenta esconderse, pero aun así sigue tras ella una y otra vez, en los días teñidos de blanco, o en las habitaciones de extraños vestidos de verde que le traen la vida envuelta en sabanas y papeles mojados. No lo puede evitar, su vida es una constante huida que arrastra incontables momentos en los que segundo tras segundo se siente alcanzada, y alejándose de nuevo, dando alas al clímax de su fantasía juvenil. Se pregunta que, si sigue huyendo, quizás abandone la lucha que tan insaciable la mantiene con vida, pero a la vez se pregunta que será de ella cuando llegue el día en que la alcance, y la abrace, para no abandonarla jamás, acompañándola hasta el último lugar en este mundo que será capaz se pisar, por lo menos con los pies por delante. Tras su irreparable mente atrofiada se esconden los resquicios de lo que en realidad había sido una vida feliz, plena y concisa, rodeada de los suyos, pero sentía que todos aquello de lo que había huido la atormentaba, de un galopar no tan intenso como ella creía, o por lo menos no tan intenso como le hubiera gustado. Le sobraban momentos tranquilos, pero le faltaban aquellos en los que se quedaba sin aliento, y cuando tu único aliento pende del fino hilo que separa tu boca de una maquina de oxigeno, la mejor medicina es el recuerdo de las zancadas entre mar y arena, con el agua rozando las yemas de los dedos de tus pies. Se arrepintió de no haber hecho caso a las voces que le rondaban la cabeza, a aquella niña mala que con sus travesuras perturbaban su interior en las largas noches de verano. Y ahora que las heridas escuecen tantísimo, solo se calma cuando siente que sus manos la tocan, como le agarran el brazo, o le retiran el sudor de la frente después de respirar. Ese es su único consuelo, sentir que esos dos pececillos que la han acompañado durante casi toda su vida siguen ahí, pendientes de cada suspiro, de cada aglutinamiento. Y es que como le gustaría poder darle las gracias, y aunque sabe que no puede articular palabra, ellas lo saben, saben que se siente agradecida por haber estado ahí, siempre, luchado mano a mano combate tras combate, suturando lo que luego serian heridas de guerra, señales y cicatrices de los buenos y malos momentos, lágrimas de felicidad que anuncian la llegada de lo inevitable, de lo que se esconde al otro lado de la puerta, y a lo que le tiene tantísimo miedo. Antes temía dormir y no lograr despertar, pero ahora teme mirar de cerca su rostro, como su mirada recorre las arrugar de piel, mientras ella inspecciona minuciosamente cada detalle, cada suspiro, mientras inspira y expira, emanando la poca luz que le queda dentro, sintiendo como se aleja. Afortunadamente solo es eso, miedo, pero lo siente tan cerca que teme que en un solo guiño se haga realidad.
Parece que por fin se ha ido, que después de tantos años de desesperada placidez la inunda el misterioso sosiego que trae tras de sí el miedo real, el de morir sin haber hecho lo suficiente, rompiéndo las oportunidades de estar ahí, dejando de lado a quien a veces la necesitaron, y a veces no. Se retuerce negándose al olvido, a las pausas, al llanto eterno de la soledad. Se recuerda, no me dejes sola . Y en un segundo, la luz.